Por no tocar la pelota
17 Jun. 2026|Por:Carlos Rey|FanJuegoBonito.COMico|Temas:Balompié FJB, Humor futbolero, Árbitros
Acomodado debajo del brazo de un fanático del fútbol sentado en un sofá, Bolompié es testigo del diálogo entre el fanático y su hijo, que está sentado al otro lado viendo por primera vez un partido de fútbol por televisión con su papá. Bueno, no es tanto un diálogo como un largo monólogo de preguntas acerca de todo lo que el pequeño fanático en potencia está viendo sin entender absolutamente nada. Menos mal que el padre tiene fe en cuanto al futuro futbolero del hijo, pues de lo contrario perdería la paciencia por la cantidad de interrupciones que está teniendo que soportar, cada una exigiendo una explicación comprensible.
De pronto todos los fanáticos en el estadio —o al menos así parece— comienzan a insultar al árbitro por sancionar la pena máxima contra el equipo local. Aunque el papá tiene ganas de insultarlo él mismo por estar de acuerdo con el público en que la decisión del árbitro ha sido una gran injusticia, resiste el impulso porque sabe que no debe dar mal ejemplo a su hijo y que es por eso mismo que hasta ahora no se ha animado a llevarlo al estadio. En cambio, el inocente niño no resiste el impulso de hacer la siguiente pregunta que para él es la más lógica del mundo:
—Papá, ¿a quién le están gritando esos insultos tan feos?
—Al que está vestido de negro —contesta impertérrito el padre.
—¡Se lo merece! —exclama el futuro fanático, como quien por fin ha logrado descifrar algo por sí mismo—. ¡Desde que comenzó el partido no ha tocado la pelota ni una sola vez!
¿No será que a Dios le pasa lo mismo que al papá en esta ocurrencia de Balompié FJB? En la vida nuestra, Dios quiere ser nuestro Padre celestial y puede serlo con tan sólo permitirle que nos adopte como hijos suyos. Una vez que formamos parte de su familia, los niños somos nosotros, aunque algunos no tan inocentes como el de esta ocurrencia. Pero todos somos igual de capaces de pasarnos la vida preguntándole interminablemente que nos explique una jugada tras otra que no comprendemos, y en determinado momento, como si tuviéramos más luces que Él, decirle que algo diferente debió haber sucedido porque, "desde que comenzó el partido", Él, en calidad de Soberano Juez del campo, "no ha tocado la pelota ni una sola vez". En realidad, nuestra comprensión del juego de la vida poco difiere de la del niño de esta ocurrencia con relación al fútbol. ¡Ni se nos ocurre lo absurdos que muchos de nuestros "planteamientos" le suenan a nuestro Padre celestial!
Menos mal que Él nos ama aún más que el padre de esta ocurrencia, o cualquier otro padre del mundo, es capaz de amar a su hijo. Y por si eso fuera poco, a pesar de que fue Él quien dispuso en su Reglamento Divino que la pena máxima fuera la sanción por la suma de nuestras faltas —desde las que cometiéramos sin querer hasta las que merecieran tarjetas amarillas y tarjetas rojas—, está dispuesto a perdonarlas todas. Pero más vale que no se las reclamemos como si no tuviéramos culpa alguna, sino que confesemos que sí la tenemos, y que reconozcamos que no hace falta que le imploremos perdón, como sucede con un jugador tras otro culpable de la falta máxima, sino que aprovechemos al máximo que basta con que se lo pidamos... sinceramente arrepentidos.
